miércoles 25 de junio de 2008

Calificaciones.

De León, Francisco Javier. 10

Ángeles Flores, Dolores. 8

Archundia Velasco, Adolfo. 10

Aviña Gutierrez, Javier. 10

Chavarría de la Torre, Nancy. 9

Cotto, Marzio. 8

De la Torre, Elizabeth. 10

Espinosa Paz, Everardo. 7

Fernández Meza, Juan Aurelio. 8

Florencia de la Campa, Shirley. 10

Gaspar Guadarrama, Alejandro A. 6

Gutierrez Morales, Luis Manuel. 8

Hidalgo Martínez, Mariana. 8

Islas Paredes, María Teresa. 10

Jiménez Álvarez, Paola. 5

Maldonado Quintero, Jesús Raúl. 10

Martínez Pérez, Fabiola. 7

Montejano García, Francisco. 6

Morales Orozco, Fernando. 8

Pacheco García, Héctor Alejandro. 10

Pérez Rodríguez, Ileana Paola. 7

Ramirez de la Torre, Ericka. 6

Rodríguez García, José Alfredo. 10

Rodríguez Castañeda, Irma. 10

Roldán Ortiz, Edwin. 10

Sánchez Salas, Pamela. 6

Sosa López, Alejandra. 10

Urbina Valdez, Luis Manuel. 10

Villegas Delgado, Jaime Gerardo. 6

lunes 16 de junio de 2008

Dos noticias de interés sobre el medioevo

Hola compañeros, no se si ya se cerró el blog pero salieron dos noticias que creo que serán de interés. Una es la aparición de un nuevo libro que tuvo que ver con la clase de Zenia Yébenes y otra es sobre Xavier López Farjeat, profesor de filosofía árabe medieval en la maestría en filosofía de la FFyL . Nos seguimos viendo por la facultad

Javier Aviña Gutiérrez

Milenio, 16 junio de 2008
La mirada interior, Victoria Cirlot y Blanca Garí, Siruela, Barcelona, 2008, 292 pp.

Este libro reúne las historias de ocho mujeres místicas y visionarias, del siglo XII al XIV, y analiza los testimonios directos de sus experiencias. Hildegarda de Bingen fue el umbral que condujo al gran resplandor místico del siglo XIII, en que mujeres como Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo o Margarita de Oingt escribieron acerca de su experiencia de Dios en lenguas vulgares en unas obras que denotan su gran cultura y que constituyen el mejor testimonio de la espiritualidad femenina de la época.
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REFORMA
Aborda el origen de la polifoníaUbica López Farjeat herencia musical árabe. Gana el filósofo con su ensayo el Premio Juan Vicente Melo de Instrumenta OaxacaMaría Eugenia Sevilla(13 junio 2008).- Entre la austeridad del canto gregoriano y la polifonía de Bach hay un abismo que en la historia de la música occidental suele asumirse como "un salto" en el desarrollo de este arte, que el filósofo mexicano Luis Xavier López Farjeat ha intentado explicar.Basado en tratados de filósofos musulmanes de los siglos 9 al 11, el profesor investigador de la Universidad Panamericana sostiene que la polifonía en Occidente tiene sus orígenes en el mundo árabe, cuyas teorías musicales habrían sido rescatadas en Europa por el Ars Nova, una corriente musical del siglo 14 de la que falta mucho por explorar.Esta investigación, desarrollada en unas 40 cuartillas, le mereció a López Farjeat ser ganador de la primera edición del Premio Internacional Juan Vicente Melo de ensayo literario sobre música, otorgado por Instrumenta Oaxaca en mayo pasado."¿Cómo se les habrá ocurrido a los músicos la polifonía si veníamos de un mundo cristiano que la prohibía? Incluso hay una bula papal de 1322, de Juan 22, que prohibía la 'música moderna', es decir, polifónica", cuestiona."Parte de mi investigación es señalar una serie de personajes olvidados del siglo 14, inventores del Ars Nova, el 'arte nuevo', como Phillippe de Vitry (1291-1361). Ellos fueron agredidos por los musicólogos más conservadores porque empezaron a usar la polifonía, lo que los técnicos de la música llaman el sistema mensural. La tesis del ensayo es que todo eso proviene del mundo árabe".Los árabes entraron en contacto con la filosofía griega alrededor del siglo 8, al expandirse el Islam hacia Occidente, recuerda el filósofo."Para el siglo 9 ya había un grupo de musulmanes que hacía filosofía que algunos han llamado grecoárabe. También se ocuparon de problemas del entorno musulmán y de la música".En la primera parte del ensayo, el especialista en estética y temas islámicos revisa una serie de tratados filosófico-musicales escritos a partir del siglo 9 en el entorno árabe musulmán, en particular de tres autores: Al-kindi, que fue el primer filósofo árabe del siglo 9; Al-farabi, un importante pensador del siglo 10 y Avicena, del siglo 11."Trato los autores que pertenecen a una tradición propiamente oriental (...) son los que pensaron en territorio oriental, en Siria, en Turquía, Persia. Son filósofos de los que solemos lógica y metafísica, pero se han marginado sus escritos musicales, que ellos llaman filosofía de la música, y que son muy ricos".Estos filósofos estudiaron tratados musicales del mundo griego, como los de Nicómaco de Gerasa (60-120), provenientes de una tradición pitagórica y con una concepción matemática de la música, así como de la tradición aristotélica, más interesada en construir una teoría de la percepción musical."Al preguntar por qué nos gusta la música, decir que es armónica y tiene una estructura numérica no resuelve por qué tiene un efecto emocional. La tradición árabe retoma estas dos vertientes y a partir de eso construye una teoría musical más completa".En la segunda parte de su texto, aún inédito, López Farjeat intenta demostrar que los tratados musicales de los estudiosos por él abordados influyeron en el desarrollo de la música occidental."Claro, hay cosas que se dejan abiertas porque pueden ser controversiales para los musicólogos, porque prácticamente estoy diciendo que los orígenes del sistema mensural, que es el que eventualmente permite que haya música polifónica, proviene del mundo árabe". Formación integral Luis Xavier López Farjeat destaca que los filósofos árabes poseían una formación integral que incluía la música y la medicina. En la última, aventajaban al conocimiento occidental, pues eran conocedores del sistema nervioso de humanos y animales, lo que les permitía tener una perspectiva profunda de la percepción."Para ellos la música es muy importante, descubren que tiene repercusiones emocionales e incluso sirve para curar ciertos estados de ánimo. De alguna manera los árabes empiezan a hacer musicoterapia". Conózcalo Nombre: Luis Xavier López Farjeat.Lugar de nacimiento: México, DF.Estudios: Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, España.Libros: "Teorías aristotélicas del discurso" (Universidad de Navarra), "La filosofía árabe islámica" (UP), "El desencanto de las palabras: seis ensayos frente a Hegel" (UP), entre otros.Academia: Profesor de Filosofía del Arte y de Historia de la Filosofía de los Siglos 18 y 19, de Estética e Idealismo alemán en la Facultad de Filosofía de la UP. Miembro de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte y del SNI. Ha sido profesor visitante del Centro de Estudios de Medio Oriente de la Universidad de Texas en Austin.

martes 10 de junio de 2008

Datos relevante sobre el ungüento de las brujas

Rodríguez García José Alfredo.

Colegio de filosofía.

Octavo semestre.

cta 300042964.

Sobre el ungüento de las brujas



En el interior de la práctica de la brujería, según podemos pensar gracias a la cantidad de comentarios escrito durante la edad media y renacimiento, se ha encontrado presente un elemento de particular importancia que ha sido denominado por algunos como “ungüento de las brujas”, según nos dice Remy en el siglo xvi, aquellos que se han frotado con él, en un instante han sido llevados al sabbath[1]. En una investigación hecha por autoridades, en 1324, en el hogar Alice Kyteler se nos dice que al registrar la recámara, encontraron un tubo de ungüento, con el que engrasaba un palo, sobre el que ella cabalgaba galopando y atravesando lo grueso y lo delgado, en el momento y en la forma en que ella quisiera[2]; en un documento del siglo xv se señala que el vulgo cree y las brujas confiesan que en ciertos días y noches untan un palo y lo montan para llegar a un lugar determinado, o bien se untan ellas mismas bajo los brazos y otras partes vellosas[3]; parece ser que el actual mito de la bruja volando por los aires montada sobre una escoba tiene su origen en esta práctica, el palo engrasado cumplía la función de untar las sensibles membranas vaginales con la planta que contuviera atropina, aparte de darles la sensación de que cabalgaban sobre un corcel[4] , mas no es esta la única vía de aplicación del ungüento mágico, Margaret Murray en su obra El dios de los brujos[5], siguiendo a Glanvil quien a su vez cita a Elizabeth Style dice: antes de ser llevadas a reuniones, se untan la frente y las muñecas con un aceite [...] y luego son transportadas, en un tiempo muy breve, usando las siguientes palabras: Thout, tout a tout, tout, thoughout and about. Juan Bautista Porta, un contemporáneo de Galileo, por su parte, en el libro ii de su Magia Natural nos cuenta sobre el uso dado a esta herramienta mágica por parte de una bruja: Esta vieja me prometió voluntariamente que me daría respuesta a ello; mandó que saliesen todos los que conmigo estaban y pudieran ser testigos, y así se hizo; luego, mirando por las hendiduras de la puerta, vimos que se untó con un ungüento todo el cuerpo y que cayó en tierra por la virtud de los ungüentos adormecedores en un sueño profundo. Abrimos la puerta, entramos y nos pusimos a darle golpes; mas tan fuerte era su sueño que ella no los sentía. Nos salimos otra vez, y cuando fue menos la fuerza e los ungüentos, despertóse y nos contó mil disparates; a saber, que había cruzado el mar y las montañas, y nada nos respondía que no fuese falso[6]. Joannes Nider, relatando una situación que alguna vez le fue contada por su maestro, nos muestra un caso de empleo del ungüento muy parecido al anterior: Un cierto cura de nuestra orden entró en un pueblo donde se encontró una mujer tan fuera de sí que creía que durante la noche la transportaban por el aire, junto con Diana y otras mujeres. Al intentar él sacarle tal herejía por medio de sensatos discursos, ella mantuvo obstinadamente su convicción. Entonces el cura le preguntó: `Permíteme estar presente la próxima vez que partas de viaje. Ella contestó: `De acuerdo, y observarás mi partida en presencia (si quieres) de testimonios adecuados´. Por lo tanto, cuando llegó el día de la marcha, que la anciana había fijado con anterioridad, el cura se presento con vecinos e confianza para convencer a la fanática de su locura. La mujer había colocado un gran cuenco, de los que se usaban para amasar, encima de un taburete, y se subió al cuenco sentándose en él. Luego frotándose con ungüento mientras se acompañaba de conjuros mágicos, echó la cabeza hacia atrás y se durmió inmediatamente. Con ayuda del Diablo, empezó a soñar con la dama Venus y otras supersticiones[7]. A pesar, por ejemplo, de la experiencia ocurrida al filósofo epicúreo Gassendi (1592-1655) al tratar con un brujo[8], podríamos afirmar, si el afán de generalizar, que los aficionados a la pomada se untaban con preferencia las regiones del cuerpo en que la piel es más fina: senos, axilas, perineo, sangradura, corva[9]. Durante el medio evo y aún durante el renacimiento se asumía una relación general entre el uso de ungüentos y algún tipo de vínculo con Satanás, esta se nos muestra explícita en la advertencia que hace Juan Bodin a los jueces de su tiempo: Si se hallare al reo untado de algunas grasas, ello es indicio para el tormento, y más si no pudiere justificar tales grasas, pues sabido es que los brujos se valen de ordinario de tales drogas en sus maleficios[10].
Según parece, el uso de ungüentos es tan antiguo como la práctica misma de la brujería, el calendario de los grandes aquelarres de occidente no corresponde al ciclo agrícola ni a un ritmo cosmogónico, sino al ciclo de reproducción de los animales salvajes que habría inspirado la primera notación del tiempo, en la época en que el hombre acaba su sustento de la caza, antes de los albores de la agricultura, durante el periodo neolítico[11], aunque basándonos tan solo en los vestigios que han logrado llegar hasta nuestros días, como bien indica Harner, podemos afirmar que esta tradición se encuentra presente desde la Roma del siglo i ac.
Cabe ahora preguntarnos por la composición del ungüento mágico. Hesse afirma que en aquellos tiempos, para experimentar aquellas sensaciones, mujeres jóvenes y ancianas se frotaban el cuerpo con una `pomada de brujas´ cuyo ingrediente esencial era la belladona o el extracto de cualquier otro solanáceo[12]; Andrés Laguna, el médico del papa Julio iii, sobre la revisión a la casa de un matrimonio de Lorraine acusado de brujería, nos dice que encontró con una jarra medio llena de un determinado ungüento como el Populeón [un popular ungüento blanco], con el que se untaban: cuyo olor era tan fuerte y desagradable que se veía que estaba hecho de hierbas frías y de efectos soporíferos hasta el máximo grado como la cicuta, la belladona, el beleño y la mandrágora[13]; según otros algunas de sus combinaciones mezclaban belladona, beleño, adormidera, acónito, semilla de girasol, cannabis, cicuta, solano, amapola, digital, mandrágora, eléboro, etc.[14]; un farmacólogo de nombre Lewin dice que entre las plantas con las cuales se hace el ungüento mágico se encuentra algún tipo de datura[15] y según Schultes y Hoffman esta mezcla contenía belladona, beleño, mandrágora y la grasa de un niño recién nacido muerto[16]; Porta afirma que el uso de grasas e incluso de aceites en estos ungüentos tiene por finalidad, después de haber frotado la piel y con esto haber abierto los poros, que los jugos puedan bajar hacia dentro[17]. Tanto beleño Hyoscyamus niger, como la belladona atropa Belladona y la mandrágora officinarum mantienen una constitución química parecida, estas tres plantas contienen una concentración relativamente alta de alcaloides de tropano, básicamente atropina, hiosciamina y escopolamina[18], el primero de estos alcaloides, la atropina, es absorbible por contacto cutáneo[19], aunque según nos dice Schultes, aparentemente es la escopolamina, y no la atropina ni la hiosciamina, la que produce los efectos alucinógenos[20]. La concentración de los alcaloides en cada una de las plantas es diferente, mientras que la belladona contiene, además de hiosciamina y atropina, poca escopolamina; este alcaloide constituye el principal componente de la mandrágora y, sobre todo, del beleño[21].
La atropina ha sido utilizada en conjunción con la levadopa para tratar la enfermedad de Parkinson. Se emplea también como diurético, sedativo, analgésico leve y antídoto contra la intoxicación por hongos que contengan alcaloides muscarínicos como el Amanita muscaria[22]. La hiosciamina por su parte, en dosis bajas bloquea los receptores de la acetilcolina deprimiendo los impulsos de las terminales nerviosas; mientras que en dosis elevadas, provoca una estimulación antes de la depresión[23] y la escopolamina, por otro lado, posee acción sedante sobre el sistema nervioso central, considerándose como antiparkinsoniano[24].
[1] Harner, Michael, ”El rol de las plantas alucinogénicas en la brujería europea” en: Harner, Michael, et al, Alucinógenos y chamanismo (Alych), Guadarrama, Madrid, 1976, p 146.
[2] Ibid. p 144.
[3] Shultes,Richard, et al, Las plantas de los dioses (Lplddi), FCE, México, 2000, p 90.
[4] Alych p144.
[5] Murray, Margaret, El dios de los brujos (Ddbr), FCE, México, 1986; cfr. Alych p 143.
[6] Brau, Jean, Historia de las drogas (Hddr), Bruguera, Barcelona, 1970 p 44.
[7] Alych p 145.
[8] Gassendi encontró un día , en el camino de Chartres, a un grupo de aldeanos que conducían al prebostazgo a un brujo acusado de tomar parte en aquelarres diabólicos. Gassendi le prometió la libertad a cambió de sus secretos. Entonces el brujo se tragó un bolita de ungüento y ofreció otra al filósofo, el cual se guardó muy bien de imitarle. Pocos minutos después, el hombre cayó en un sueño agitado que duró toda la noche. Al despertar, preguntó a su compañero cómo le había recibido el macho cabrío. Algún tiempo después, Gassendi experimento con un perro la droga que había hurtado; el can se durmió en seguida (Hddr p 43-44).
[9] Ibid. p 44.
[10] Ibid. p 43.
[11] Ibid. p 41. Margaret Murray, afirmando que los aquelarres tienen inicio, no en el periodo neolítico como opina Brau (grave error de su parte, ya que durante “ la segunda edad de piedra”, la agricultura ya era una práctica común), sino en el paleolítico inferior (30000 ac), al respecto dice: Los sabbaths se celebran trimestralmente, el dos de febrero (día de la calendaría), el primero de mayo, el primero de agosto (fiesta de las primicias) y el primero de noviembre (all hallow E´en). Esto muestra una división del año en mayo y noviembre, con dos fechas trimestrales intercaladas. Semejante división corresponde a un calendario muy antiguo anterior a la introducción de la agricultura. No tiene ninguna conexión con la siembra o la cosecha, ni con los solsticios ni equinoccios, pero en cambio señala el comienzo de las dos estaciones de apareamiento de los animales tanto salvajes como domésticos. Por tanto, corresponde a los periodos de caza y pastoral, y es, en si misma, indicación del extremo primitivismo del culto revelando, lo antiguo de su origen, que posiblemente se remonte a la época paleolítica (Ddbr p 101).
[12] Alych p 143.
[13] Ibid. p 151.
[14] http://yerbasana.cl/?a=254 (Hidbr).
[15] Alych p 142.
[16] Lplddi p 89. Los relatos populares que versan sobre historias de plagios de niños por parte de brujas y que incluso aparecen en escritores latinos como Ovidio (Ov, Fastos, 131-143), es posible, se encuentren vinculados con la preparación del ungüento mágico. Al parecer, uno de los componentes empleados algunas ocasiones en la mezcla era la grasa sacada del cuerpo de un niño.
[17] Alych p 151.
[18] Lplddi. p 86.
[19] Alych pp 139,142.
[20] Lplddi p 86.
[21] Ibid. p 87.
[22] Hidbr.
[23] Idem.
[24] Idem.

lunes 9 de junio de 2008

Amor udrí y amor cortés

Amor udrí y amor cortés

Prof. Edgar Morales:

Cuando en su clase estaba explicando las variadas formas que tomó el amor udrí no podía dejar de hacer un paralelismo entre este tipo de amor y el amor cortés de los trovadores medievales que se dio en el occidente cristiano. Por tanto la pregunta que quería hacerle es si cree que hay elementos comunes que podrían explicar su surgimiento, independientemente de si tuvieron un origen común o si son completamente independientes y sin contacto mutuo.

Por ejemplo, cuando hablaba del amor udrí decía que los poetas de este amor morían de amor, sacrificaban la concreción de ese amor para verlo en términos espirituales. De la misma manera, al hablar de Ibn Arabi, usted decía que para este pensador el amor a los seres concretos sólo se da de una manera accidental y por tanto no hay una ancla para que el amor se quede permanentemente en un ser concreto.

Usted ponía de manifiesto también la influencia gnóstica en los udríes.

Por todo esto en su clase no podía dejar de pensar en el libro escrito por Denis de Rougemont titulado “El amor y occidente”, donde se discute por qué de repente surge el amor caballeresco en la región provenzal. Rougemont empieza a establecer un nexo entre el gnosticismo (en su rama cátara) y este tipo de amor cortés y va mostrando al final del libro como características de este tipo de amor la falta de concreción en una persona concreta pues el amor cortés, explica Rougemont, es un amor demasiado espiritualizado que huye de la concreción.

Es interesante ver en el libro “El dualismo en la antropología de la cristiandad”, de Enrique Dussel, como el concepto unitario de hombre de la antropología hebrea (ver también sobre este asunto “El humanismo semita”, del mismo Enrique Dussel) se conservó en autores como Clemente de Alejandría pero poco a poco fue derivando en un dualismo moderado por el concepto de persona (esto en Agustín de Hipona) y que acabó finalmente en un franco dualismo en otros autores medievales, y en esto no se escaparon autores árabes como Avicena.

Si bien el dualismo maniqueo todavía tenía cierto arraigo en el mundo, esto no sucede en el dualismo gnóstico, que aborrece de todo lo material (como lo ha demostrado Hans Jonas), entonces independientemente de si hay o no contactos entre el amor udrí y el amor cortés, en la base de ambos estaría un dualismo, especialmente del tipo gnóstico, el cual tendría implícito un rechazo a la persona concreta, esta sería entonces la hipótesis que yo tendría.

Sin embargo hay que tomar en cuenta las intuiciones geniales que solía tener José Ortega y Gasset.

En la recopilación de artículos de Ortega y Gasset, titulada “Estudios sobre el amor” (Salvat, 1971) está precisamente el prólogo que escribió para “El collar de la paloma”, de Ibn Hazm, allí el filósofo español hace referencia a la presunta influencia de los árabes en el amor cortés y dice que “esta cuestión es un avispero sobre el cual nadie ha puesto aún orden”, señalando también que “la mujer que enuncian los trovadores implica distancia”, pues la amada aparece esencialmente situada en la lejanía, no está al alcance de la mano y por tanto, de la caricia, “no es algo que se acaricia y de que se goza, sino algo de que se está dolorosamente separado y que se echa de menos”, de allí que en la poesía trovadoresca se cultive la “quejumbre”.

A continuación Ortega y Gasset hace referencia a las hipótesis respecto a la influencia udrí en el amor caballeresco, pone algunas objeciones a estas hipótesis y termina diciendo: “Más con todo esto no pretendo resolver ningún problema, sino, por el contrario, sugerir hasta que endiablado punto todo esto lo es”.

Javier Aviña Gutiérrez

domingo 8 de junio de 2008

Sobre el furor.

Dolores Ángeles Flores

El Furor Divino de Ficcino ofrece al universo como una gran jerarquía en la que cada ser ocupa su lugar y tiene su grado de perfección, empezando por Dios y descendiendo hasta la materia primaria.
Su jerarquía está dispuesta en cinco substancias básicas: Dios, el espíritu angélico, el alma racional, la cualidad y el cuerpo.

Frente a nuestras experiencias ordinarias cotidianas, el espíritu se encuentra un estado de continua inquietud e insatisfacción; pero es capaz de retirarse del cuerpo y del mundo exterior y de concentrarse en su propia substancia interior, purificándose a sí misma de las cosas externas, el alma entra en la vida contemplativa y alcanza el conocimiento, descubriendo el mundo incorpóreo o inteligible, que está cerrado para ella mientras está ocupada en la experiencia ordinaria y en las dificultades de la vida externa. Esta vida contemplativa es la Filosofía.

Filosofía y Religión.

Nombre: Dolores Ángeles Flores


El Renacimiento representó para el hombre un redescubrimiento del saber griego, pero también la cicatrización de un periodo terrible en el que el castigo celestial reunió a las masas en la sumisión, sin embargo las máscaras, los tules y las sotanas han caído y mostrado una escuálida desnudez. Una parte del mundo ha decidido que ya no hace falta esclavizar ni dividir para reinar a través de dioses falsos.

Y es (desde mi punto de vista) con el surgimiento del pensamiento de Ficcino y Bruno que se expone una clara distinción entre Teología y la especulación laica.

Para la teología hay una religión verdadera y creencias falsas, hay un bien y un mal, y en gran parte tienen una naturaleza ideológica. En estas condiciones, no se puede realizar ningún tipo de manipulación de los individuos ni de las masas, sino que se trata más bien de cumplir una misión cuya finalidad es convertir a la única verdad.
Para Bruno, sólo existe un principio válido, sólo hay una verdad: todo es manipulable, no existe nadie en absoluto que pueda librarse de las relaciones íntersubjetivas. La fe es el mayor vínculo pues de esta provienen la esperanza, el amor, el goce y el odio.

Creandose así una escición entre buscar la verdad o la sujeción a través de religiones que someten al hombre a la ignoracnia.

sábado 7 de junio de 2008

Retomando a las brujas -unas palabras finales-...

Con las brujas reducidas a cenizas, también muere con ellas una parte importante del imaginario de una época, donde la magia, tanto la culta como la ceremonial, debido a que se apoyaban ambas en lo analógico, conducían al hombre a un mejor conocimiento de la naturaleza humana y el mundo. La cultura siempre cobra sus respectivas víctimas, y las brujas pagaron la cuota del esplendor del hombre del Renacimiento que no buscaba sino la grandeza espiritual e intelectual sin saber que para ello tendría que sacrificar la parte de su razón ajena a la uomo universalestudia humanitatis,y que por ello fue considerada como la faceta animal y maldita.

La represión produce inevitablemente un discurso, como nos enseña Foucault. Un discurso memorialista omnipresente, inclusive excesivamente público que genera olvido. En ese punto es cuando el foco intenso en la memoria del pasado puede bloquear nuestra imaginación del futuro y crear una nueva ceguera sobre el presente. Por ello estamos obligados a pensar y repensar lo heredado, a pensar la historia a contrapelo, fijando la atención en aquello que aparece tímido y silencioso, en las rupturas que pueden conducir por inéditos derroteros que acerquen, que franqueen la entrada a la verdad entre los aparentes residuos y desperdicios, no para que sean solo reciclados, sino para hacerlos personajes patentes que no serán los nuevos protagonistas de la historia, sino que en el uso no unívoco que se les dé, vendrá el devenir del sentido en otra cosa.